La lluvia caía desde un encapotado y oscuro cielo sobre el duro y frío asfalto. La gente, con oscuros chubasqueros y grandes paraguas, caminaba lenta y dolorosamente por las abarrotadas calles. El Invierno había entrado a lo grande.
Nyx contemplaba, en su tristura, como la Navidad concluía sin tener ella una sonrisa. Vio cómo sus sueños se alejaban de su vida, dejándola caer en un oscuro y profundo pozo, mientras las gotas y lágrimas surcaban las pálidas mejillas de la diosa de la noche.
Sus ojos no se abrían y su boca no dibujaba sonrisas. Hédeon había marchado, y ella se había ido con él. El temible dolor que atormentaba cada rincón de su cuerpo era como una cruel infección que no la dejaba moverse, pensar o ,simplemente, reír.
¡Qué cruel destino el que decidió unir a la joven diosa al malvado demonio! ¡Qué malvado sino el que la pequeña decidió seguir! Sentía, en su pequeño corazón lleno de grietas y clavos al rojo vivo clavados, que nadie podrí jamás devolverla a la vida.
Y así transcurrieron los meses, dejando a nuestra pequeña diosa cada vez más seca de lágrimas, más necesitada de amor y más falta de esperanza.
Y entonces, cuando todo parecía carecer del más mínimo sentido, apareció Érebo...
El destino no existe,
Tú eliges el camino a seguir
Considera cada uno de tus pasos
Porque puede llevarte por dos caminos:
El Bien
El Mal