Gracias (:

13 mar 2012

25 de Febrero

El miedo corroía la piel de Érebo, que sentía su cabeza y su mente perdida en aquel mar de amor y dudas que se había vuelto Nyx. Sabía que no tenía nada que temer, que todo saldría bien, pero entonces tuvo aquella duda que todos hemos tenido alguna vez: ¿Y si no? 
Así, tras una semana de nervios y desesperación, de sudores fríos y manos inquietas, de intentos de besos y ruborizaciones súbitas y furtivas, llegó el día 25 de Febrero, día en el que todo cambió para nuestro dios para siempre. Y todo por aquella diosa de la noche, por ese manto de estrellas, por esa oscuridad clara, por esa luz de la penumbra, por esos abismos que eran sus ojos que para nuestro protagonista no eran más que abiertos libros de sabiduría, de amor, y de calor frío.
Érebo se sentó al lado de la noche y, nervioso, agarró las intocables manos de la joven, nervioso. No podía evitar mirar la hora a cada segundo que transcurría en un lejano mundo que era el humano. 17: 25. Tragó saliva y miró aquellos ojos tan grandes y bonitos, aquellos ojos nocturnos y atractivos, mientras sentía las fuertes manos Thanatos empujándole hacia Nyx.
¿Que quién era Thanatos? Thanatos era el mejor amigo de Érebo, un amigo inexistente para el resto del mundo, un amigo que le empujaba a dar cada paso, un amigo que le hizo dar un beso en la frente a aquella chica, un amigo que le hacía razonar, un amigo que le hacía ser quien era. 
17: 25. ¿Acaso no pasaba el tiempo? Estaba realmente nervioso, acercándose poco a poco a aquellos labios dulces que le llamaban por algún extraño motivo, aquellos dulces labios que por algún extraño motivo le llamaban. 
Entonces sintió los labios, sintió el amor viajar a través de su aliento y entrar en su boca. Sintió a la noche entrando en él, de un modo apasionado. Y los nerbios le hicieron ser torpe, le hicieron equivocarse, le hicieron ser un desastre. 
Ambos se separaron y ella le iluminó con su oscura sonrisa, más bonita que el crepúsculo. 17 : 26, la hora zero, el momento. "Hazlo tranquilo" susurraron los labios de Nyx, y el dios obedeció, dando todo lo que podía, haciéndolo bien esta vez, dispuesto a dar a la noche lo que la noche quería.
Y la pasión surgió. Las manos de uno recorrían al otro, las del otro al uno, recorriendo cada rincón del cuerpo ajeno, sin saltarse ninguna pena ni alegría, los labios dejaron de dar besos para ejercer otra batalla y las manos acariciaron la piel del otro.
Aquel día, 25 de Febrero, a las 17 : 26, Érebo supo que jamás, jamás querría separarse de su diosa. Y esta vez Thanatos no fue quién se lo dijo...

Y continuad atentos a la historia, que las verdaderas historias no acaban cuando los dos protagonistas se juntan. Las verdaderas historias tienen más cuento, más sucesos. El único requisito que se necesita es un final feliz. Y eso, amigos míos, es algo que aún no ha quedado claro. Dadle tiempo al tiempo, como siempre digo, y seguid cada paso de nuestros dioses, de estos dioses que tanto parecen pedir...

22 feb 2012

A flor de piel.

La mejor declaración de amor es aquella que no está transportada por palabras. Es aquella declaración que reside en un gesto, una caricia. Esa declaración que intuyes por instinto, que te hace dudar de si serán imaginaciones tuyas, poniéndote los nervios a flor de piel, y calca en tu estómago las famosas mariposas.
Aquel beso silencioso cambió el concepto de Nyx. Sentía el miedo a caer de nuevo, de sufrir ese ácido dolor de amor, como aquel que la corrompió el alma al sentirse abandonada por Hédeon.
Sentía su vida desenfocada. Sentía que se perdía en un cruce de sentimientos. No sabía si, como siempre, admitir una derrota antes de luchar, o si, por primera vez, debía dar el paso. Arriesgarse.
Quizá ganar.
Mientras tanto, Érebo sentía que su vida temblaba al borde de la cornisa. Le gustaba tener sus pasos calculados,  tener la certeza de que todo iría bien, pero aquello... Se le había escapado de las manos.
Quería a Nyx. Sabía que la quería, y por eso, tenía miedo de haber actuado precipitadamente. Quizá ella no había entendido el mensaje oculto en aquel beso. O, quizá, lo había captado, pero había fingido no hacerlo porque no era correspondido, y temía romperle el corazón.

Sin embargo, la mera idea ya le hacía el alma pedazos.

4 feb 2012

Besos a la Noche


El destino decidió jugar con sus inmensos poderes y reunió a Érebo y a Nyx. Las oscuras tardes de invierno se vieron iluminadas cuando él y ella comenzaron a perderse entre largas conversaciones sin fin, infinitas palabras que cada vez cobraban más sentido.
Poco a poco, aquella larga tormenta se fue para dejar aparecer los rayos de Sol. Érebo la miraba sonriente, sin poder declararle sus sentimientos, por miedo a que se los negase. Ella, Nyx, veía en los ojos de color chocolate del dios aquella extraña inseguridad...
Un día Érebo dijo, rememorando tiempos pasados y dolorosos junto a Némesis, "Mi amor siempre, sin excepción, queda declarado con un beso en la frente", en una de sus largas conversaciones sin fin.
Los días pasaron y Érebo cayó gravemente enfermo, tendido en la cama y con altas fiebres que le impedían pensar con claridad. Pero eso no importaba, porque Nyx estaba a su lado, dándole aquella mano que la Diosa de la Noche tenía, pasándole calor y aquel sentimiento que Érebo juraría haber perdido.
Él hizo un esfuerzo increíble para inclinarse sobre la cama y mirar a los preciosos ojos de la diosa, tan profundos y sabios, necesitados de amor, hartos de dolor. Recorrió la suave melena nocturna de Nyx, con unos dedos temblorosos y fríos, antes de pausar su extremidad en la blanca cara, del mismo color que las estrellas, que la joven.
A pesar del dolor, Érebo se levantó, agarró entre las dos la preciosa cara de aquella chica, y le plantó un beso en la frente, apoyando suavemente los labios, rozando su piel con su boca, demostrándole lo que él sentía. 

Y aquel beso lo cambió todo
Como la primera ficha
de un dominó infinito

23 ene 2012

Bendito febrero.

El cielo parecía haberse acartonado a la par que en los ojos de Érebo las lágrimas se secaban. Sintió como, poco a poco, la nieve que irónicamente el verano había tatuado en sus costillas se desprendía con un amable crujido. Y ahí, en algún recoveco de su corazón, las heridas se remendaban para dejar paso a una nueva mirada de la que quedarse prendido. La rutina dio la vuelta y en pleno febrero, pareció dedicarle un giño el sol.
Parecía mentira, pero con el melancólico invierno resonando tras su pasos, el verano comenzó a derretirse. Las pequeñas gotas corrosivas de lo que un día fue su condena se desprendían de la telaraña, suave, sin hacer ruido, y sin dar respuestas.
Los nervios se escaparon de su boca, y consiguió balbucear invitaciones, crear nuevos planes, disponerse a despegar.
"Cara o cruz, ¿Tendré suerte?" Las preguntas se estremecían bajo su mirada acalorada. Los latidos se desacompasaron, y, sin embargo, las palabras consiguieron escapar:
-Hola, Nyx.

¿Eso ha sido una sonrisa?

-Hola, Érebo.
"Qué facil es hahacer sonreír a esta chica"