Érebo era un contraste de adjetivos, de sonrisas y lágrimas, de presencia y sentimiento. Nació una madrugada de noviembre, y, quizá por eso, a su alma había quedado tatuada para siempre ese deseo que a todos nos despierta cuando vemos el cielo encapotado, y la lluvia a punto de caer (esperemos que aún aguante). Llevaba en la mirada la oscuridad de su nombre, aunque raramente la mostraba, pues sus ojos caídos jugaban al escondite con ese despeinado flequillo que caía por la frente. Su tez transmitía madurez, y sus palabras, la ilusión de alguien a quien nunca le han roto el corazón.
Sin embargo, esa era solo la presencia. Los que tan solo le conocían por la portada, le creían tan fuerte como su estatura indicaba, tan despreocupado como las arrugas de sus mejillas contaban, tan transparente como las carcajadas que emergían a través de su sonrisa. Sin embargo, hasta aquel que decía ser su alma gemela, era justamente lo contrario. Los demás veían en él lo que querían que fuera.
Pero su estatura disminuía, y quedaba reducido a escombros cuando solo la luna le miraba. Sus mejillas habían sufrido las lágrimas más amargas de la colección, y su sonrisa no era más que un fugaz recuerdo de lo que un verano vivió.
Y en su mente, emergía de pronto la perfecta imagen de Némesis. Y ella le sonreía, le acariciaba, le seducía y tentaba a probar cuán lejos un amor de verano puede llegar.
Y él se negaba, se obstaculizaba, trataba de no caer en las redes de aquellos labios pasajeros.
Pero Érebos, el pequeño contraste de fachada y emoción, vio en aquella tez blanquecina la oportunidad de darle a su pequeño corazón una dosis de morfina tras tantas desilusiones. Porque su corazón, a pesar de que nadie lo veía, estaba hecho trizas.
Y dejó los planes de un lado
por primera vez en su vida.
Ycalló en la telaraña de aquella rubia sonrisa,
cuan caro pagó su error.
cuán caro pago su error... pero... ¿si volviera a nacer, lo haría otra vez? :)
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